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Así se llama el último libro publicado por Jorge Riechmann en la editorial La oveja roja. Ésta es la portada del libro:

Previamente ha publicado la “pentalogía de la autocontención” en la editorial “Los libros de la Catarata”. En uno de estos cinco libros, el titulado “Un mundo vulnerable“, encontraréis un apartado dedicado al objeto de esta portada: el exprimidor mecánico.

Para cualquiera que haya nacido dentro de la España del “desarrollo”, un exprimidor de naranjas es un aparato eléctrico. Los aparatos mecánicos [como el de la portada], que resultaban familiares a nuestros abuelos, pueden resultarnos conocidos sólo por los mercadillos de trastos viejos, o acaso por haberlos visto usar en algún viaje por países “atrasados” como Marruecos o Turquía.

Y sin embargo, el exprimidor mecánico es tecnológicamente superior en todo al eléctrico: requiere menos esfuerzo físico del usuario o usuaria (sólo bajar una palanca, en lugar de pasar un rato oprimiendo una naranja en posición antinatural); es prácticamente irrompible y eterno, por la sencillez de su mecanismo; menea menos el zumo de naranja, que resulta así de mejor calidad; permite mayor autonomía, al no requerir corriente eléctrica; es ecológicamente superior por el ahorro en energía y materiales que implica (al no consumir electricidad no contribuye al “efecto invernadero” o a la nuclearización del mundo, y dura para siempre, en lugar de ser un aparato de “usar unos años y tirar” como el exprimidor eléctrico).