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El pasado viernes publiqué el siguiente artículo en el blog “EOI en abierto”.

Corren tiempos convulsos para el sector fotovoltaico español. Esa época dorada que se vivió hasta finales de 2008, con abundancia de grandes sistemas sobre suelo construidos sobre el método “project-finance“, acabó abruptamente. Cambios normativos, recorte de tarifas y numerosos fraudes inauguraron una nueva época. ¿Quien es el culpable de esta oportunidad perdida? ¿El gobierno, la industria, la banca, la academia?

En lugar de añadir más leña al fuego prefiero refrescar la memoria. Prefiero recuperar las razones fundamentales que, al menos a mí, me motivan a trabajar por la implantación de la energía solar fotovoltaica. Recurro a las palabras de los maestros para destacar que es una tecnología humanamente abarcable  y que permite la participación democrática en la producción energética.

En primer lugar, Hermann Scheer, fallecido hace pocos meses. Como miembro del parlamento alemán y presidente de Eurosolar jugó un papel preponderante en la implementación del programa de los 100.000 tejados fotovoltaicos. En su libro “Economía Solar Global” afirmaba:

“En la […] economía solar planetaria están en movimiento muchos carruseles pequeños y algunos grandes. Giran más despacio y, por eso, más a la medida del ser humano y con más posibilidades de control, pueden completarse con otros y ofrecer sitios para todos. […] La técnica deja de ser coto vedado de unos pocos que la convierten en una maraña de constricciones tecnocráticas para todos. Se convierte en el campo de actuación de todos, con lo cual se generan muchas más ideas y posibilidades para su aprovechamiento.”

En Alemania, los sistemas instalados sobre techo suponen más del 80% de los más de 9 GW instalados. Los sistemas sobre suelo (que, en general, no están asociados a un consumo cercano) suponen sólo el 17% del total. Dejo al lector el ejercicio de comparar estos números con la situación en nuestro pais.

En segundo lugar, Jorge Riechmann. Parafraseando el famoso título del libro “Lo pequeño es hermoso”, de E.F. Schumacher, afirma en su libro “Gente que no quiere viajar a Marte”:

“Si no queremos renunciar a lo mejor de nuestro proyecto civilizatorio —sociedades democráticas, individuos autónomos, relaciones no sexistas, economías ecológicamente sostenibles—, entonces se impone el deber político-moral de reducir la complejidad de ciertos sistemas tecnológicos actuales hasta hacerlos humanamente abarcables. Lo sencillo es hermoso.”

Y tercero, Lewis Mumford, autor de tratados como “Técnica y Civilización” y “El mito de la máquina”. En su artículo “Authoritarian and Democratic Technics” afirma:

“[…] dos tecnologías han coexistido de forma recurrente: una autoritaria, la otra democrática; la primera centrada en el sistema, inmensamente poderosa, pero inherentemente inestable; la otra centrada en el ser humano, relativamente débil, pero llena de recursos y perdurable.”

Cierro recomendando una visita al repertorio de proyectos urbanos recogidos en PVDataBase.